martes, 18 de junio de 2013

Vacaciones

La ventana de la recepción del edificio que alberga el departamento de "dormitorio y medio" que alquilaron en Punta del Este le devuelve la misma postal brumosa de los últimos 3 días. Hoy al menos el viento no es tan arrasador y las gotas de llovizna caen levemente sesgadas, lejos de la horizontal de ayer.
"El ocio no me descansa, más bien me agobia", piensa.
Arriba, en el primer piso, su marido, su hija adolescente y la amiga de ésta que trajeron, llenan con tv, lectura y algún juego de mesa, ese mismo espacio de pocos metros cuadrados, vacío de playa y obligaciones, que ella no sabe bien cómo manejar. Casi envidia a las dos mucamas que mientras conversan pasan el trapo en lucha desigual contra la humedad y esa enorne extensión de mosaicos.
Hoy su padre cumple 80 años. La llamada que hizo esta mañana la enfrentó a su voz grabada en el contestador. Dejó el saludo dudando de que fuera a ser oído, probablemente lo escuche a nuestro regreso, o más tarde, si logro encontrarlo y decirle que llamé antes.
No logra imaginarse a si mísma con 80 años. A sus 46 se siente tan vacía como ese tiempo sin playa. Logró criar a dos hijos lo suficientemente independientes para hacerla prescindible, y ningún logro en lo profesional alcanza para motivarla, ni por alcanzado ni por pendiente. Como un escalador de poca monta, a quien el esfuerzo de escalar una colina le valió la vista chata del valle al otro lado... No había llegado a ser una alpinista exitosa y lo que quedaba, no podía engañarse, era cuesta abajo. Es triste esa certeza de saber que no hay mucho más que esperar, y eran admirables sus viejos por la simple razón de afrontarla desde hacía tanto tiempo.

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