La revelación de mi identidad no fue inmediata. Empezó como una sospecha, datos de la realidad que me dejaban en una posición segregada, comentarios sin respuesta, rostros condescendientes, sonrisas encubiertas..
Debo haber sido Ana Crónica desde siempre, pero creo que comencé a salir del closet cuando decidí que mi familia y yo podíamos sobrevivir sin TV por cable ni Actimel, que el alimento balanceado para el perro puede ser cómodo pero no muy natural desde el momento que no se pudre y es ignorado por polillas y cucarachas, que pilates no es gimnasia, y que cambiar el guardarropas y el celular cada temporada es además de un derroche, una complicación. Cada decisión en particular pudo pasar desapercibida, pero el conjunto despertaba fundadas sospechas. Tampoco es muy normal responder mails de dos líneas con otros de dos páginas, y mandar a la papelera sin reenviar chistes y cadenas.
Sin llegar al extremo de las comunidades amish, y sin atisbo de religiosidad, trato de balancear las ventajas de la modernidad con el sabor de lo auténtico, aún cuando eso me mantenga al margen de los comentarios sobre el final de Lost, el último escándalo farandulero y deje mi ringtone en el pasado.
Abrí este blog para desagotar pensamientos sin atosigar a los pocos amigos que me quedan, con los mails kilométricos a que los tengo acostumbrados.
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